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by • 9 de octubre del 2016 • Madrid me mataComments (3)5539

Más tirón que Pablo Iglesias: crónica de la ruta por los bajos fondos con La Felguera

portada¿Qué tiene La Felguera que nos enamora tanto?

La cosa era de mirar atónito. Así que todos nos dedicamos a mirar atónitos a nuestro alrededor: gente y más gente saliendo del Campo de la Cebada, lugar de encuentro para la ruta por los bajos fondos madrileños que había de servir como presentación del último libro editado por La Felguera, Fuera de la ley. Hampa, anarquistas, bandoleros y apaches. Los bajos fondos en España (1900-1923). Los había de todo tipo. Predominaban los jóvenes -de entre chavalín y joven tullidito-, había punkis, culturetas, modernitas, epígonos de la bohemia de finales del XIX y hasta peña, como yo mismo, que parecía normal pero que vete tú a saber…

Servando Rocha y Carlos Arévalo, los cicerones de la noche, empezaron entre agradecidos y acojonados por semejante concentración, en la trasera del Mercado de la Cebada. La manada le disputaba eso que cursimente llamamos ahora espacio público a las terrazas de La Latina, y alguna despedida de soltero miraba hacia abajo con gesto de me han comido la tostá.

felguera

¿Qué por qué los queremos? Porque para ubicarnos en los bajos fondos de principios del siglo XX hicieron añicos un ejemplar del Código Penal ¡tris- trhas -zzsssh!

Nos sumergimos en el ambiente del vecino café cantante Los Naranjeros, en 1911, del aún más lúgubre El manco, en Cascorro, y viajamos al incendio del teatro Novedades, tragedia que sumó hasta 90 muertos (en cuyos cadáveres se encontraron tatuados los navajazos de algunos espectadores, que habían tratado de salir de allí a mojás). A mi lado, un grupo de talluditos con gesto castizo y resabiao asentía, y una mujer añadía detalles a las anécdotas.

El grupo se movía como una mancha amorfa por la ciudad, cortando las calles a su paso y entrando algunos en los comercios para comprar cervezas. En mi primera parada un espectro muy corpóreo de la golfería de los barrios bajos chirló unas lastas de Mahou Clásica. Pobres chinos.

Carlos nos ilustró sobre las cuitas entre monjas jerónimas y franciscanos en Vara del rey. Querellas de la jerarquía eclesiástica, pues no debían llevarse tan mal frailes y monjas cuando plantaban -de ahí el nobre de la calle- rudas, cuya principal propiedad es anticonceptiva. A mi lado la guiri que sabía español le traducía un chiste de Carlos al resto de los guiris. “Ahí estaba el matadero que daba nombre al Rastro (de sangre), ahora hay una residencia de ancianos”. No sé si el chiste fue voluntario pero hasta los guiris se rieron.

¿Qué por qué queremos a La Felguera? Pues porque ya no hay manis en Madrid.

Toledo-Humilladero- Segovia- borrachos en los portales, jauría de turistas y San Francisco el Grande iluminado copando el horizonte. -“¿Por qué es esta manifestación?” – “no, qué va, es la presentación de un libro”.

En la Plaza de los Carros Servando nos ilustró sobre la curiosa repercusión que tuvo el caso de Jack el Destripador en Madrid, al que la prensa local,  como si fuera un extranjero ruso en el Betis, rebautizó como Jaime o Juan el Destripador. Parece que anduvo la sociedad bienpensante un tanto acojonada con un supuesto destripador patrio y hasta se llegó a situar aquí al asesino de Whitechapel.

En la plaza de la Paloma, ante la mirada de una vecina que alucinaba en la ventana, escuchamos hablar de las sórdidas condiciones de vida de las casas de vecindad y las casas de dormir, cuartuchos donde por unos reales podían aposentar el costado, hacinadas, aquellas gentes humildes que sobrevolaban la noche. Muchos de esto tabucos estaban en la trastienda de las tabernas cercanas, como en la que hoy es Casa Dani (tasca centenaria que nos encanta ¿verdad Arturo?)

Bajamos hacia la Puerta de Toledo y luego hasta Gasómetro, y por el camino nos miraron un par de perroflautas acampados. ¿Serán los perroflauta de esquina y perro objeto de reivindicación de las Felgueras del futuro como son hoy los golfos o los trogloditas?

¿Que por qué amamos La Felguera?

Pues porque nos hablaron de un torero revolucionario, hacen libros con formatos tan chulos como los que venden en el VIPS, insultan a los banqueros, se acuerdan de las Cambroneras y las Injurias, reunieron a centenares de personas para, al fin y al cabo, hablarles de Baroja y porque son la hostia de simpáticos.

Toca la pega. Mi imagen mental del Madrid de los barrios bajos es muy distinta a la de la gente de la Felguera parecía contarnos ayer. Decía Carlos Arévalo que en el Rastro “algunos hasta compraban, la mayoría iban a robar”. Y NO, más bien iban a vivir, lo que incluía en ocasiones un amplio repertorio de ilegalismos, pero también redes de apoyo vecinal, comercio (formal e informal), trabajo mal pagado en los tajos o en la Fábrica de tabacos…La visión de aquellos malvivientes como despojos miasmáticos de rasgos endemoniados que vomitaba la prensa burguesa no refleja necesariamente la realidad de los habitantes de los barrios bajos que ¡claro que en muchas ocasiones llevaban cheira!

No estoy del todo de acuerdo con el retrato barojiano de la golfería pero entonces ¿por qué amamos a La Felguera? Pues por reivindicar a mucha gente olvidada, pobres de solemnidad, nadies que abarrotaban el Gran Madrid que pronto sería el de la Gran Vía y porque lo hacen a ritmo de punk. Por caminar apasionadamente y hacer punk.

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3 Responses to Más tirón que Pablo Iglesias: crónica de la ruta por los bajos fondos con La Felguera

  1. Arturo dice:

    Nos encanta casa Dani si, ya le haremos una visita pronto.

  2. volver dice:

    Ésto ya lo hacían en tele madrid (el programa “Mi cámara y yo”) y en blogs de “poca monta” -ojo! muy válidos y necesarios y sin ninguna pretensión-, pero claro, las editoriales modernas molan más. Los que tiran del carro son los modernuquis de Madriz, los que van de punkis y se escandalizan cuándo les habla un travesti o un trasnochado, los que ahora van de darks. Da mucha lástima que esas 600 personas estén ahí para que les presenten un libro y no para manifestarse por los detenidos de la Operación Piñata.

  3. daniel gil dice:

    creo que quieres decir talludito, no tullidito 😉

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