Esto no es un paseo de Jane: caminando por la calle de los Artistas

El próximo sábado, 7 de mayo, volvemos a hacer El Paseo de Jane por Tetuán, centrándonos en el barrio de Bellas Vistas. Como ya hiciera hace un par de años en este mismo blog, voy a anunciarlo haciendo un paseo previo por una calle del barrio por la que no pasaremos. No es un Paseo de Jane, porque un Paseo de Jane NUNCA es en solitario. Os invito a venir el sábado y también a ir al resto de paseos que se celebrarán estos días en Madrid (Latina y Chamberí). ¡Ah! hemos sacado un libro colectivo que cuenta la experiencia de los cinco años de paseos en Madrid.

De paseo por la calle de los Artistas

La calle es una de las más antiguas de Cuatro Caminos, vía mencionada en La Horda (Blasco Ibáñez) y que estuvo siempre entre las más conocidas de la vieja barriada de los Cuatro Caminos. Hoy, su empedrado y algunos edificios nos remiten a aquellos tiempos donde Madrid acababa en la glorieta, pero encontramos también sombras de vecinos nuevos y estratos de todas sus vidas.

Siempre hay gente de paso en la glorieta.

Estamos en la bocacalle de Artistas, aún en la Glorieta de Cuatro Caminos. En el portal del gigante curvo de Pryconsa, -que pasó por quirófano hace pocos años, afectado de aluminosis-, decenas de trabajadores coinciden en su momento del piti. Sempiternamente. A la entrada de la calle se respira el ajetreo. Como veremos, la gente va borrándose a medida que llegamos a su último tramo.

Queda en la calle aún un tejido comercial en forma. Hay algunas tiendas con sabor, como la papelería-juguetería Kory, fundada en 1868. También negocios que remiten a las distintas comunidades migrantes que habitan la zona: desde restaurantes y casas de comidas (los hay paraguayos, persas, ecuatorianos…) hasta agencias de viajes especializadas en sus países de origen.

La primera parte de la calle tiene muchos restaurantes y casas de comida rápida internacionales

La primera parte de la calle abunda, decíamos, en tabernas y comercios. En una de estas tabernas se produjo en 1903 un crimen que ocupó muchas páginas de la crónica negra y mereció –al modo de otros crímenes célebres adosados a una calle, como el de Fuencarral o el de Bordadores- adoptar el nombre de la vía. En El crimen de la calle de los Artistas una mujer –presuntamente, siempre lo negó- mató a su marido a hachazos, hecho que conmocionó a la vecindad.

Hay en la calle cierta promiscuidad edificatoria, que incluye casas obreras de ladrillo bien conservadas, otras maltratadas con recrecidos imposibles y edificios de distintas épocas, unos de mejor gusto que otros.

Un ejemplo de vivienda obrera y el cartel de una de las más antiguas en la zona

Al llegar al cruce con Isturiz nos topamos con una auténtica metáfora metálica: la puerta como único superviviente de una finca derribada hace pocas fechas. Mirar en los cruces nos ayuda a sumergirnos en la vieja barriada de Cuatro Caminos. A mano izquierda, en la calle de la Orden, nos encontramos con una casa de 1868, una de las más antiguas, sin duda.

Una puerta en medio de la nada donde hubo un edificio centenario

En la esquina con la calle Cicerón hay un gran grupo de viviendas de tipología obrera en ladrillo, típicas del extrarradio. En el mismo entorno estuvo un grupo escolar para obreros que la reina Victoria inauguró junto con la duquesa de Talavera. Más allá de los muros de ladrillo de Cicerón la calle deja ver una bonita vista del Hospital de Jornaleros, de Antonio Palacios y Joaquín Otamendi Machimbarrena.

Lateral de las casas de la calle Cicerón-Artistas, al fondo el Hospital de Maudes

Llama la atención una edificación baja de ladrillo abandonada durante largo tiempo en el número 37 de la calle. En ella se puede leer en un cartel Carriles Expres, que era una empresa dedicada “a la fabricación e instalación de carriles y rieles para cortinas de teatros, cines, salas de fiestas, colegios, casas de cultura y platós de televisión, fundada en 1944”.

En el mismo número 37  de la calle (principal derecha) estuvo situado en los años 30 el Ateneo Libertario de Cuatro Caminos. Es sencillo rastrear en prensa actividades de sumo interés allí, como conferencias de Amparo Poch y Gastón (fundadora de Mujeres Libres). Saltamos momentáneamente desde nuestra calle a otro punto del barrio que no se verá en El Paseo de Jane de este año: el antiguo Cine Europa, hoy la tienda Saneamientos Pereda, una maravilla racionalista de Luis Gutierrez Soto. La excusa del salto viene dada porque con el estallido de la guerra civil el Ateneo se mudará allí.

¿Es el mismo edificio dónde estuvo el ateneo libertario?

En el último tramo de la calle, cruzándose en su camino con Dulcinea y Don Quijote, hay promociones más modernas, menos comercio, algunos estudios profesionales…y reductos del arrabal que se resisten a borrase. Existen, junto al ascensor que baja hacia la calle Comandante Zorita, al final de Artistas, un par de casas bajas escondidas que sorprenden al caminante.

Centros profesionales en el entorno de la calle y pisos nuevos en su último tramo

 

En la calle de los Artistas estuvo la IX Escuela de Artes y oficios (creo que en el número 6), en donde se cruzaron las vidas de dos pintores de la barriada, a los que unió el arte a pesar de que sus vidas y sus ideas políticas fueron antagónicas. José Bardasano, vecino de la calle, pintaba en la glorieta cuando Marcelino Santa María le llevó a la escuela. Pintor proletario uno, autor de algunos de los carteles de guerra más conocidos de la Guerra Civil; el otro pintor burgués que, tras la contienda, retrataría a Franco.

Dos viejas casas bajas se asoman a Comandante Zorita. Otro barrio (aunque administrativamente sea el mismo)

La excusa de la historia de estos dos pintores bien vale un viaje mental al otro lado de Cuatro Caminos, a la calle de Abel, 17. Merece la pena visualizar la Casa del Pintor, gran caserón de ladrillo cuyo nombre hace referencia a su morador, el mencionado Marcelino Santa María, y cuyo aspecto fantasmagórico lleva inspirando fantasías a los niños del barrio desde hace décadas. En realidad, la casa es buen testimonio de un tiempo en el que la zona, aún fuera de la urbanización, era lugar de hotelitos de la burguesía madrileña.

La calle de los Artistas dibuja en su empedrado una curva (y una contracurva) muy cerradas, que separan las calles del ajetreo y de la tranquilidad. De la cercanía a la bulliciosa glorieta de Cuatro Caminos y al barrio noble de la Castellana. Deja ver, a sus lados, la zona fronteriza de Raimundo Fernández de Villaverde y Chamberí, los restos de la vieja barriada obrera hibridándose con el nuevo barrio y algunos costurones rotos por el cambio.

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