Adiós al verano con Aperol Spritz en la mano

Tenía pinta de ser el eventazo del fin de semana en Madrid. Nos lo habían dicho y os lo habíamos anunciado. Incluso os invitamos a dos de vosotros, repañando dos plazas que nos ofrecieron desde la organización. Y la realidad estuvo a la altura, e incluso la superó a ratos.

Acudir a la Aperol Spritz Beach Party no era fácil: solo un grupo de elegidos entre los cientos de inscritos en su página web pudieron tomar el pasado sábado el bus que te llevaba desde Moncloa hasta el Hipódromo de la Zarzuela. Una vez allí nos hicimos con el imprescindible gorro de paja para no acabar insolados/resolados (o como quiera que se pudiera decir a torrarse bajo el astro rey) y nos dirigimos hacia la playa. Sí. A la playa.

Porque lo que había montado Aperol Spritz para despedir al verano era una auténtica playa, con sus tumbonas, su chiringuito, su arena de playa y hasta olas del mar y chapoteo (esto último os lo explicamos más abajo). El caso es que rápidamente cogimos esa anaranjada bebida de origen italiano que tan bien cuadraba para ese momento -el aperitivo- y nos dispusimos a hacer camita con el abundante picoteo que rondaba por las mesas. Esto también os lo advertimos cuando repartimos las invitaciones: iba a ser un evento en el que se iba a comer y a beber mucho.

Estábamos en eso de hidratarnos cuando llegó una de las sorpresas del evento en cuestión: la actuación de un grupo de surf rock de versiones llamado Quartet Tarantino, que levantó al personal de sus tumbonas y soltó una buena colección de clásicos pero frescos que iban desde el Hooked on a Feeling hasta temas tarantinianos como el Girl, you’ll be a Woman Soon o el loquísimo Who Hoo de Kill Bill.

La actuación nos pilló en mitad de la comida. Por suerte habíamos elegido platos ligeros para arrancar -ensaladas variadas y gazpacho, aunque había de todo para elegir- y dejamos para el final el objeto más codiciado del evento (después del Aperol Spritz, claro): una hamburguesaca que se hacía de rogar pero que merecía la pena y que ayudó a tomar energías para que el resto de la Beach Party fuera rodada.

Y como una imagen vale más que mil palabras, os vamos a poner aquí el equivalente a 600 antes del bonus track que va al final de la crónica gráfica de este fenomenal evento organizado por Aperol Spritz:

Aperol Spritz. De estos nos tomamos varios. Fresquitos y chispeantes gracias al toque de sifón.

Un emocionado momento de la actuación musical

Más baile desenfrenado.

Momento selfie de bloguera

La hamburguesaca antes comentada.

El photocall, con momentos desternillantes.

Y el bonus Track: nos quedaba por explicar lo de las olas del mar y el fresquito, que se ofrecía en una caseta tiki a través del Oculus, un sistema de realidad virtual (eso que se inventó en los noventa y que salía en El cortador de césped) con el que veías tu entorno como si fuera realmente el océano, con delfines, tiburones e incluso una avioneta que te salpicaba la cara. Aunque el que realmente salpicaba era el señor de azul de la derecha y el de blanco del fondo, que le pegaron un buen remojón a la moza que se prestó a tamaño experimento. Te reías, eso sí.

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