El renacer de Grimbergen o un abad belga cervecero en el Conde Duque

En Madrid Me Mata, que somos muy dados a la calificación, nos hemos quedado sin adjetivos para definir lo que vivimos la semana pasada, en la presentación de la nueva (o antigua) Grimbergen en España, que tuvo lugar entre las paredes del Centro Conde Duque, que además de albergar cultura ahora también se alquila por horas, suponemos que por aquello de aumentar su rentabilidad.

El caso es que habíamos sido convocados por San Miguel, la empresa que distribuye la cerveza belga trapense en España, para presentarnos de nuevo una habitual de las estanterías de los supermercados, que ahora llega con el eslogan del Renacer del sabor. Aunque el que debería haber ido era Fran -no dejéis de visitar su fenomenal blog Factoría de Cerveza– al final, por temas de agenda, acudió un servidor al evento en cuestión y me pude hacer la foto con los dos monjes norbertinos de hábitos albinos que saludaban a los asistentes (aquí, todas las imágenes del acto en cuestión).

Luego, dentro, nos enteramos de que ambos venían de la abadía de Bélgica en la que se elaboraba tradicionalmente la Grimbergen y que uno de ellos era el mismísimo abad (!!). Él y su compañero se encargaron de explicarnos el carácter perenne de la citada cerveza y el porqué del símbolo del fénix en su logo: el lugar en el que surgió la fórmula y luego fabricó este dorado líquido -en pie desde el año 1128- fue consumido nada menos que tres veces por el fuego, en otros tantos incendios, y fue reconstruido otras tantas veces.

Suponemos que por todas estas cosas se hablaba del tema del renacimiento durante el acto. Y mientras escuchábamos a nosotros nos renacían las ganas de  bien es cierto que a nosotros nos renacieron las ganas de remojar el gaznate, cosa que pudimos hacer al poco, gracias a una cata dirigida en la que pudimos degustar los tres sabores de esta cerveza trapense: blonde, double y blanche, mientras las acompañábamos -aconsejados por el Abad Eric- de anchoas, jamón y gambas, respectivamente.

A nosotros, que somos muy del bebercio fino tipo la Grimbergen, nos acabó gustando bastante la double (lo que nos esperábamos, porque también somos muy de lo amargo) pero nos acabó encantando la versión blanche, la de trigo. Una curiosidad que aprendimos al respecto: lo de double brewed en las cervezas no es porque se haya malteado dos veces, sino porque estaba el doble de rica en la Edad Media, fruto de que los monjes que la elaboraban estaban exentos de impuestos y podían emplear mejores materias primas.

Y llegados a este punto de la presentación, ya notando los efectos de la cata en cuestión de las tres variedades, se produjo el momento para el recuerdo del acto, que en MMM seguimos sin poder calificar. El abad Eric fue invitado a escoger su libro preferido de una biblioteca de cartón piedra situado en una de las paredes del lugar, este lo tomó por el lomo y accionó el mecanismo de apertura de la falsa estantería que daba paso a una estancia rodeada de humo, en la que sonaban cantos celestiales.

Los recuerdos son confusos, pero los testimonios gráficos permiten ver a los dos monjes norbertinos, saliendo del humo, alzando sus copas en honor al fénix, mientras se abría la segunda ronda de cervezas en los grifos de Grimbergen aledaños. Un fin de fiesta para enmarcar.

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