El Ayuntamiento, ese gran mentiroso

EVA, Espacio Vecinal Arganzuela, es uno de los procesos abiertos de participación vecinal más potentes que hay en Madrid ahora mismo. La chispa que inició el proceso fue el desalojo del veterano CS La Traba, el pasado mes de agosto. A partir de ese momento, numerosas asociaciones vecinales y participantes de los movimientos sociales de Arganzuela comenzaron a reunirse, cada semana, para dar forma a un proyecto que serviría para pedir al Ayuntamiento la cesión de un espacio que diera cabida a las actividades del nutrido tejido social del Distrito. Las reivindicaciones se centraron rápidamente en el Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi, que lleva ocho años cerrado y sin uso.

Recientemente, tuve la ocasión de charlar con dos participantes en el proyecto, que contaban jubilosas que habían conseguido que se les hiciera una visita guiada por las instalaciones, y que el espacio era magnífico: pensaban que podría ser un gran centro de referencia, no ya para Arganzuela, sino para toda la ciudad. La alegría era mayor porque les habían confirmado una reunión con el Ayuntamiento, en la que tenían depositadas bastantes esperanzas.

El pasado 4 de febrero se produjo la esperada reunión con los responsables del Área de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Madrid, donde se negó a los vecinos de Arganzuela la posibilidad de que se produjera la cesión. En el transcurso de la reunión, los representantes del Ayuntamiento dijeron que no había planes específicos para el mercado.


Y ¡tachan! sólo unos días después, el 19 de febrero, apareció publicado en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM) la salida a información pública del estudio de viabilidad de un proyecto de “construcción y explotación en régimen de concesión pública de un edificio dotacional y su zona comercial en el Antiguo Mercado de Frutas y Verduras”.

Para ello se cambiará el uso dotacional del viejo mercado a uso comercial. Se trata de la cesión por 40 años a una empresa privada para la explotación de las gigantescas infraestructuras a cambio de un canon anual. Como suele suceder con estos proyectos, con el anuncio de la creación de una serie de dotaciones públicas (una biblioteca y un polideportivo, en este caso), en menos de una cuarta parte del espacio disponible, se pretende callar bocas y justificar el valor social de la operación. En Arganzuela ya saben, por otro lado, de promesas realizadas en periodo electoral nunca llevadas a cabo: ya se prometieron, entre otras cosas, bibliotecas y polideportivos que nunca llegaron.

Lo que tenemos aquí es una doble constatación. 1: un edificio público protegido, catalogado como patrimonio urbanístico y con un uso dotacional, será entregado a manos privadas, en lugar de a un nutrido y organizado grupo de vecinos. La operación se enmarca en las recalificaciones, cambios de uso y demás pelotazos urbanísticos que el Ayuntamiento está acometiendo de urgencia antes de las elecciones municipales. 2: en el Ayuntamiento mienten como bellacos y desprecian a los vecinos como interlocutores respetables.

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