Barrios premium: como un guante al Madrid que viene

Hacia 1860 despegaba la muchas veces pospuesta expansión de Madrid más allá de su verja, que la había constreñido hasta la fecha. El diseño de ciudad nueva, el conocido Plan Castro, nació ya con vocación segregadora (Salamanca para las clases altas, al sur de Embajadores para industrias y clases bajas, clases trabajadoras en Chamberí, el eje Prado – Castellana como punto cuya cercanía determinaba rentas más altas, y así).

Sin embargo, las diferencias socioeconómicas y dotacionales entre los distintos barrios del Ensanche se dispararon por el método de financiación escogido. Se dispuso que las infraestructuras de cada sector se financiaran con su propia recaudación. De esta manera, las casas más grandes del barrio de Salamanca tributaban más, y el remanente para acometer las obras de alcantarillado o pavimentación eran nutridas, mientras que las cuentas de las gentes de lo que hoy es Arganzuela siempre estaban a los miserables niveles de sus dotaciones.

¿Suena? Estos días se está hablando mucho acerca de la intención del gobierno de implantar en España el modelo de los Bussines Improvement Districts (BID), en los que, según propias explicaciones del PP “los propietarios comerciales pagan tasas extra para recibir servicios extra en las calles públicas, lo que ha servido para revitalizar y mejorar los centros urbanos” Una ventaja que ha venido en llamarse popularmente como Barrios premium.

Sería ingenuo pensar que actualmente no existe un diferente tratamiento por parte de la administración a los distintos barrios en función de su extracto socioeconómico. Basta pasear la ciudad para saberlo. Sin embargo, esta nueva posibilidad que se abre (por ahora está en la Comisión de Economía del Congreso), y que tanto recuerda al desarrollo de Madrid narrado párrafos arriba, supone poner un tobogán a las tendencias de desigualdad y segregación que ya vivimos en nuestras ciudades.

¿Cómo encaja esto en Madrid?

Durante la era previa a la crisis se dieron en Madrid dos procesos luego confluyentes: el endeudamiento del Ayuntamiento de Madrid por obras faraónicas, como el soterramiento de la M30, y el intento de convertir la ciudad en una capital del capitalismo financiero global. Para atraer los flujos financieros se amplió el aeropuerto, se crearon grandes pabellones, centros de congresos, etc. Una vez la burbuja financiera hizo ¡bum! el modelo de ciudad se desinfló y, por fuerza, ambos procesos confluyeron en más endeudamiento. Hoy dicho endeudamiento sirve de excusa y motor de la desposesión que sufrimos en la ciudad.

Habiendo abandonado a Madrid los mega eventos y las mega urbes comerciales (Olimpiadas y Eurovegas), la intención que se le adivina al Ayuntamiento es la de terminar de convertir el centro de Madrid en una gran área comercial y turística.

Echemos un ojo a algunas noticias que hemos conocido últimamente sobre la ordenación de la ciudad, especialmente de su centro urbano.

El Confidencial fue el primer periódico en dar a conocer los planes de Ayuntamiento y Comunidad de Madrid para cambiar la protección del Edificio España en aras de asegurar el negocio de Botín, previa demolición de gran parte del inmueble. En la noticia, uno se fija fácilmente en una de las características del plan que se le adivina al ayuntamiento : la desposesión de lo urbano a través de la destrucción del Patrimonio Histórico y la transferencia de rentas a los sectores que han visto disminuidos sus grandes beneficios. Lo mismo que con los servicios públicos. En esto, la operación Canalejas, también en beneficio de Botín, se lleva la palma del descaro.

Sin embargo, también El Confidencial destacaba en la noticia la condición con que Botella habría entrado en la operación: afrontar una remodelación integral del entorno de la Plaza de España, un eje amplio que llegaría desde el Palacio de Liria al Palacio Real (ahí es nada), para convertirlo en un gran eje peatonal y comercial.

Otra noticia que se ha asomado – tímidamente – a la actualidad de la ciudad: el Ayuntamiento está tratando de aprobar soto vocce, y sin apoyo social alguno, un nuevo PGOUM (Plan General de Ordenación Urbana de Madrid) antes de que acabe la legislatura. Aunque los expertos se quejan de lo poco que informa el avance del Plan, algunos ejes parecen claros: se pretende dar nuevas alas al sector de la construcción liberando más suelo para uso residencial, desaparece cualquier mención a la vivienda pública… y facilita el cambio de uso y venta de equipamientos públicos.

Hasta ahora todo el mal es evidente. Todos hemos echado espumarajos por la boca con las agresiones al Patrimonio, aunque no lo hemos llegado a adoptar seriamente como causa. En cuanto a lo del PGOUM nos parece fatal…pero ¡suena todo tan complicado!

Algunas noticias tenidas por buenas, sin embargo, forman también parte del plan de mercantilización y segregación urbana. Quizá son buenas, o lo son en parte, pero pueden tener también efectos perniciosos y, sobre todo, soplan las velas del Madrid hiper comercializado.

Recientemente hemos sabido que las zonas de Malasaña y Conde Duque serán Área de Prioridad Residencial antes de un año. Se supone que luego vendrán más zonas, que se unen a las que ya existen, en Las Letras, Cortes y Embajadores. También se ha inaugurado, con bombos, platillos y fotos de la alcaldesa montando, el servicio de bicicletas Bicimad.

Todos somos conscientes de que el planeta nos apremia a abandonar los coches. Sí, pero…El servicio de bicicletas, que se limita al Distrito Centro, parece diseñado, por las tarifas y ubicaciones, más para desplumar a turistas que para transportar ciudadanos. El limitar el uso de los coches a los vecinos, además de las evidentes ventajas de habitabilidad, entraña también el peligro de convertir los barrios en espacios comerciales. Para más inri, el ayuntamiento ya ha declarado su intención de utilizar las cámaras para incrementar el control sobre el espacio público.

Más allá de los muchos matices del debate, lo que aquí me interesa resaltar es el encaje de estas opciones en el plan de convertir el centro de Madrid en un gran paseo comercial para locales y turistas.

¿Y la periferia? Amén de los barrios del extraradio y PAUs a medio hacer -y medio rellenar de materia humana-, que ha dejado la cesura de la construcción, se adivinan algunas nuevas centralidades (Tetuán o Carabanchel), dispuestas a acoger a las gentes de gustos más urbanos expulsadas por las subidas de precios del centro y, en general, una nueva acometida de la economía ladrillista, que anuncia el nuevo PGOUM. También, es ya corriente, la más absoluta dejación municipal en cuanto a dotaciones y la acusación de la segregación socioespacial. Tanto tienes, tal habitas.

Visto lo visto, y recorrido el camino forzado de la mercantilización que se desprende de las últimas noticias, la figura que el Ministerio de Economía quiere traer a España parece hecha a medida para la ciudad de Madrid. Esperemos que no tengamos que llegar a comprobar cuánto tiene de dejación de la función pública lo que se llama colaboración público-privada, ni que tengamos que lamentar no haber recordado suficientemente la historia de cómo la financiación desigual del Ensanche de Madrid contribuyó a una ciudad enórmemente desigual.

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