CIBALL se va a la mierda y el Ayuntamiento tira otros 327.957 euros

“Hemos descubierto que la innovación suele fallar al principio y al final del proyecto”. La frase, pronunciada por uno de los “innovadores” del vídeo promocional de CIBALL (Centro de Innovación Ballesta) que ilustra estas líneas, parece hoy un perfecto epitafio a la defunción de este centro, uno de los últimos ejemplos de la burbuja de derroche del Ayuntamiento de Madrid en proyectos de los que todo el mundo pillaba cacho.

El espacio nació hace nada, en el año 2011, poco antes de las elecciones municipales. Lo inauguró el hoy difunto Villanueva, y nació con la vocación de “incorporar a los ciudadanos y a las empresas a la sociedad del conocimiento, de la creatividad y la innovación”, decía el Ayuntamiento en la nota de prensa que distribuyó a los medios.

El centro costó 327.957 euros de dinero público -financiación del Plan E-, que se invirtieron en reformar por completo el local, situado en el 41 de la Corredera de San Pablo, y en el que se colocaron “los últimos avances en equipamiento multimedia, entre los que se incluye un video-wall de 2 x 2 metros, una pantalla de LED 3D, un proyector tridimensional y un sistema de grabación para ponencias y conferencias con la capacidad de retransmitir los eventos en videostreaming”. A la inauguración acudieron todos los enteradillos del barrio a hacer el juego al Ayuntamiento. Por ahí también andaba la asociación de especuladores comerciantes Triball, que suponemos también acabarían pillando cacho colaborando con la institución.

Hoy, casi tres años después, el local muestra un cartel de Se Alquila (como muestra la asociación Acibu e informa Somos Malasaña). Ningún responsable municipal ha explicado por qué. Algo que es obvio que deberían hacer. Y los vecinos denuncian que con ello, el equipo de Ana Botella y del concejal de Distrito -David Erguido- abandonan un poco más una zona de Madrid dejada de la mano de dios en cuanto a servicios municipales se refiere.

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