Lo que nos gusta una fiesta (clandestina)

A la chita callando, haciendo el ruido justo, es como se van sucediendo las fiestas clandestinas de Alhambra 1925. En espacios insospechados, una contraseña secreta franquea la puerta de celebraciones en las que hay gente interesante, arte por descubrir y, por supuesto, mucha cerveza. Sólo quienes permanecen atentos, realmente lo desean y lo persiguen tienen acceso a ellas. Está pasando… y te lo contamos porque:

1. Nosotros pudimos asistir a la que se celebró el pasado octubre en Barcelona y la disfrutamos a base de bien
2. Resulta que hoy se celebra una en Madrid (¿quedarán entradas?)
3. La endogamia no es buena (bien lo saben los reyes)… y estos encuentros hay que airearlos porque si siempre acabas encontrándote en ellos a las mismas personas…

Hay una página web (pincha en el menú y ve luego a ‘arte clandestino’) con un calendario en el que se va publicando cuándo y en qué ciudad se realizará el siguiente encuentro clandestino; en esa misma página puedes apuntarte al sarao. El sitio exacto de la fiesta se lo reservan hasta el mismo momento casi de su celebración.

La experiencia clandestina que disfrutamos nosotros en Barcelona se celebró en un piso antiquísimo del Paseo de Gràcia (The Secret Room) que había albergado en su día un salón de peluquería de postín. Allí, en un ambiente vintage con secadoras de pelo antiguas y sillones de barbero, entre otros detalles de decoración, corrió cuanto quisimos la joya de la corona de cervezas Alhambra, la artesana Reserva 1925. Risas, conversaciones, un bufé-cena, un Dj entregado y la actuación en directo de un guitarrista de flamenco (¡grande, José González!) fue el menú que pudimos degustar durante la velada.

 

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