El arte que esconden las tradiciones: soplando vidrio con Alhambra Reserva 1925

Corría el año 1997 -perdón por la batallita de Abuelo Cebolleta– y quien escribe estas letras andaba por el centro de Londres ‘buscándose’. Eran tiempos en los que internet estaba aún en pañales y la nostalgia del exiliado la matábamos los sábados en un bar andaluz de tapas de la zona de Queensway: viendo fútbol, oliendo raciones de calamares -no había Libras para más- y bebiendo una única cerveza por partido -de nuevo cuestión de ‘pasta’- de la única marca que servían en aquel lugar… ¡Alhambra! Desde aquel entonces he de reconocer que ‘I love Alhambra’, pasión luego compartida por distintos componentes de Madrid Me Mata.

Pues bien, todos estos recuerdos fueron removidos hace unos días, cuando nos llegó una propuesta de la cerveza artesana Alhambra Reserva 1925, buque insignia de la cervecera granadina Alhambra, que -¡oh, casualidades de la vida!- fue creada en 1997, el mismo año en el que comenzó mi idilio con la marca.

Resulta que presentaba la campaña Arte por descubrir, iniciativa a través de la cual quiere dar a conocer los secretos que atesoran productos artesanos con sabor y carácter en sus procesos de elaboración, algo que se disfruta en el resultado final y valores con los que se identifica Alhambra Reserva 1925. Para ello había seleccionado a unos cuantos blogueros madrileños, entre los que nos encontrábamos, a los que quería invitar a ‘soplar’ doblemente: vidrio y cerveza… en ese orden

¿’Soplar’ doblemente? Plan irrechazable, pensamos, que incluía además una pequeña escapada a Segovia, a la Real Fábrica de Vidrio de La Granja, visita recomendable y lugar donde tiene su taller Diego Rodríguez, el maestro soplador más joven de España.

Madrid estaba denso en esos días, en los que flotaba en el ambiente un artículo aparecido en el diario ‘El País’ hablando sobre la decadencia de la capital -y al que no pudimos por menos que contestar, como harían seguidamente muchos otros-. Se mirara por donde se mirara, convenía huir por un momento de la ciudad.

Diego, como embajador de Alhambra Reserva 1925, nos hizo una demostración de la tradicional técnica de fabricación de objetos de vidrio a través de la inyección de burbujas de aire soplado en el material fundido e, incluso, nos hizo creer que nosotros mismos éramos capaces de fabricar algunas piezas, cuando sin su esmerada guía no habríamos logrado sacar forma alguna. Así que miramos, tocamos, moldeamos, soplamos y caímos rendidos ante tanto oficio; una experiencia que podéis ver en el siguiente vídeo…

El otro ‘soplado’, el dionisiaco, llegó durante la comida en el Parador Nacional de la Granja: barra libre de Alhambras Reservas 1925, una cerveza de “espuma consistente, de textura esponjosa. Color ámbar dorado y aromas ligeramente tostados. Con cuerpo, sabor redondo, constante y agradable. Balance amargo / dulce perfectamente equilibrado, con notas que van desde la naranja amarga hasta un final ligeramente caramelizado”. Vamos, que está buena, muy buena. Fue durante esa comida cuando oímos hablar de otra embajadora de la marca, Amalia Ramírez, luthier de profesión, y de más Arte por Descubrir’, aunque ya en Barcelona y en no sabemos bien qué fiesta clandestina…

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