Por qué el Atlético nunca se irá a La Peineta

Unos días después de que el futuro olímpico de Madrid (más bien el no-futuro) se haya disipado, el periodista de Euroesport Rubén Uría escribía un post muy aclaratorio sobre los vaivenes de Enrique Cerezo y el Atlético de Madrid a la hora de anunciar el traslado del club colchonero a La Peineta:

Este lunes, Gil Marín anunciaba que la mudanza se retrasa (de momento) otro año más. Vaya por Dios. Conviene revisar la hemeroteca: hace 6 años, en 2007, Cerezo decía que la mudanza era ‘completamente transparente’, que La Peineta tendría 75.000 localidades y Gallardón aseguraba que el Atlético jugaría allí la temporada 2010-2011. En 2009, hace cuatro años, Cerezo afirmaba, sin rubor alguno, que el Atlético jugaría en La Peineta en 2012, con un aforo de 73.000 localidades. [Nota: unas 2.000 localidades menos de la primera versión]. El año pasado, en 2012, Cerezo contaba que la mudanza era ‘ideal’ que La Peineta tendría 69.000 localidades y que el Cluz jugaría allí en 2015. [Nota: ya se han perdido 6.000 localidades por el camino, pasando de 75.000 a 69.000, justo el aforo que tenía el Calderón antes de que los Gil encogieran el aforo]. Hace días, Cerezo aseguraba que el Atlético jugaría en su nuevo estadio en 2015 y ahora resulta que Gil Marín, al que algunos hinchas le han llegado a cantar en el Calderón aquello de ‘Gil Marín es Urdangarín’, decide reordenar su calendario y habla de la campaña 2016-17.

La estrategia de retrasar una y otra vez un proyecto se ha utilizado mil veces, siempre con el mismo objetivo: no ejecutarlo hasta que las condiciones sean óptimas. Y si nunca llegan a serlo, olvidarse de él. La operación Mahou-La Peineta está parada desde hace años porque los números no salen: está construida -como muchas cosas estaban en esta ciudad- sobre una operación de especulación urbanística, que preveía elevar miles de casas junto al Manzanares a unos precios que ya nunca más podrán tener.

Por eso, en las actuales condiciones de caídas de precios inmobiliarios, el convenio que el Ayuntamiento firmó a bombo y platillo con el Atlético es papel mojado. Pero ni Enrique Cerezo lo va a reconocer ni mucho menos va a echarse atrás el Consistorio. Ana Botella no va ser la que admita que Madrid va a tener durante unos cuantos años el esqueleto gigantesco de un estadio destrozado y que la ciudad nunca va a necesitar.

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