“Veo más el papel del arquitecto como intermediador de procesos, que como diseñador de edificios”

VerónicaCuando uno trabaja catalogando Proyectos Fin de Carrera técnicos, se da cuenta de que la gran mayoría son trámites, unos cuantos semillas ilusionantes y muy pocos, además, un pedazo de vida de quien lo escribe. Aún así, nunca había encontrado un proyecto que, como este que la arquitecta Verónica Francés libera ahora para el escrutinio común, sea una declaración política y una demostración de la implicación con la vocación. Nos pusimos en contacto con Verónica, que tuvo la gentileza de contestarnos algunas preguntas a través del correo electrónico.

 

La estructura de tu proyecto no es sencilla: tiene hasta tres partes en las que has cartografiado espacios de contrapoder en Madrid, reflejado una especie de laboratorio de la convivencia y hablado de la lucha ciudadana por el derecho a la vivienda ¿Nos explicas brevemente qué podemos encontrar en cada parte? ¿Cuál es la argamasa que les da unidad?

El proyecto parte de algo ya de por sí complejo que son mis vivencias personales: es un diario de lo que me ha interesado, lo que he registrado y sobre lo que he intervenido a lo largo de un año en Madrid.

Como estudiante de arquitectura quería plasmar contextos reales de la ciudad en los que operar, y no quedarme en lo que suele ser común en la mayoría de Escuelas de arquitectura: resolver con unos planos un enunciado prefijado, sin tener en cuenta las problemáticas actuales sobre vivienda, desahucios, propiedad privada, espacio público…

Todas esas vivencias las he clasificado en tres partes:

La primera es la creación de una cartografía de espacios de contrapoder (asambleas, centros sociales…) a partir de una iniciativa de la Asamblea de Vivienda y Oficina de Vivienda de Madrid, para poder mapear a todos los colectivos que trabajan temáticas de vivienda.

La segunda es el registro del espacio que habito junto a seis personas, que pretende autogestionarse a partir de eventos culturales.

La tercera es el registro de acciones directas por el derecho a la vivienda en las que he participado.

Frente a la figura del arquitecto estrella que levanta torres en las principales capitales del mundo, viene surgiendo en Madrid una generación de jóvenes arquitectos y urbanistas más politizados y apegados a la “ciudad real” ¿Cómo ves esta escena? Por tocar las narices…nosotros creemos que a veces adolece un poco de elitismo y palabrería para foros alternativos tipo Medialab…¿qué te parece?

Opino que como arquitectos debemos tener una corresponsabilidad política con lo que llamas “ciudad real”. Por eso iniciativas como Campo de Cebada o Esta es una Plaza, entre otras, muestran otras maneras de hacer ciudad. Hacer ciudad no debe ser construir edificios y calles al margen de sus vecinos, sino construir tejido colectivo. Veo más el papel del arquitecto como intermediador de procesos, aportando sus herramientas, que como ‘diseñador de edificios’.

Esta intermediación es compleja, y además, en las Universidades se nos sigue enseñando a ser ‘diseñadores’ o ‘formalizadores’. Por eso creo que son necesarios espacios de exploración comoMedialab. Pero también habría que partir de contextos de trabajo reales para poder ir aprendiendo entre todos cuál puede ser el papel del arquitecto y qué puede aportar al bien común, y no quedarnos solo en teorizaciones o vocabulario especializado.

Tu proyecto está muy implicado en las luchas por la vivienda ¿qué papel crees que debe tener una arquitecta en la solución de este abismo social que vivimos en torno a la vivienda?

Es fundamental su registro, visibilización y difusión. También la territorialización de esa lucha: generar estrategias de intervención y acción directa sobre el territorio, reapropiación de no-lugares (edificios o solares vacíos), herramientas de autoconstrucción, alternativas habitacionales… En definitiva, aportar un conocimiento de utilidad social para ayudar a un empoderamiento ciudadano.

El proyecto rezuma implicación vital con la arquitectura a pie de calle ¿Crees que es posible conjugar esta visión de la profesión con ganarse la vida con ella? ¿Es posible fuera del sector público?

En estos momentos lo veo difícil. Pero debe intentarse. En proyectos de coordinación como Campo de Cebada destaca la falta de financiación, pero sigue creciendo gracias a la implicación vecinal. Yo lo intento desde la autogestión de un espacio cultural. Desde luego, si ‘ganarse la vida’ de arquitecto es hacer cosas como diseñar más Programas de Actuación Urbanística, o diseñar más tipologías edificatorias caducas, o aplicar la nueva Ley de Rehabilitación, Regeneración y Renovación Urbanas, mejor trabajar en otra cosa.

Está claro que para ti el espacio es político, Identificas en una de las partes del trabajo centros sociales autogestionados ¿Cómo crees que se podría extender la práctica de la autogestión del espacio público más allá de las okupas?

Creo que esa autogestión del espacio público ya se da a escala local gracias al trabajo de las asambleas de barrio. Un ejemplo es el solar de Lavapiés en c/ Valencia 6. Este solar pertenece al IVIMA. Pero mientras sigue en desuso, las vecinas del barrio lo han liberado para autogestionar el espacio con asambleas, proyecciones, talleres, huerto, encuentros entre colectivos, comedores populares… Ya hay experiencias, tenemos que seguir replicándolas e implementándolas, articulando redes vecinales, desde lo local.

Para terminar te vamos a pedir las típicas recomendaciones de las entrevistas veraniegas (pero en modo politizado). Recomiéndanos un espacio que merece ser conocido en Madrid, una colectivo que te parezca especial y una batalla que se inaplazable.

Un espacio: el CSO La Morada, ejemplo de construcción colectiva y de tejido vecinal.

Un colectivo: la Oficina de Vivienda, un espacio de asesoría colectiva sobre problemáticas de vivienda (hipoteca, alquiler, ocupación…) y también de recolección de estudios y formularios sobre esta temática.

Una batalla: la de Ofelia Nieto 29, una lucha entre el ‘urbanismo para la especulación’ y el ‘urbanismo de los ciudadanos’. Un ejemplo de gentrificación planificada.

Muchas gracias por atendernos Verónica

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