Privatizar la Navidad o que la hagan los vecinos

El árbol-anuncioHay (por lo menos) dos cosas seguras en este mundo: la muerte y que cualquier cosa que exista es susceptible de ser privatizada. Este año lo hemos visto en Madrid, donde el Ayuntamiento ha vendido la Navidad a las marcas comerciales, que ocupan el espacio público con sus anuncios disfrazados de señuelos navideños.

Ocurre estos días en la plaza de Callao, con una enorme tienda instalada en una superficie que debiera estar abierta en estos días de aglomeraciones. O en la Red de San Luis, con un árbol-anuncio gigante. Antes, las marcas comerciales se limitaban a colocar su logo en un cartel junto a las instalaciones que ayudaban a sufragar. Hoy, sustituyen las bolas de Navidad por su marca y a nadie le parece extraño.

No nos engañemos: no es normal privatizar lo cotidiano. Y se puede hacer de otra forma. Para demostrarlo, los vecinos del barrio de Malasaña se unen este lunes para montar su propio árbol de Navidad. Sin empresas de por medio. Solo gente de la zona que no necesita más que organización y un poco de compromiso. Y hasta habrá chocolate gratis para todos los que se pasen por allí.

Los vecinos de Malasaña demuestran que sí se puede. Claro que hacen falta ganas, sobre todo por parte de los políticos, para cambiar la forma de hacerlo.

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