Adelson, el gran jugador… de faroles

Cuando el magnate del juego Sheldon Adelson se planteó extender su emporio del vicio por Europa, debió de pensar en demostrar sus dotes con los políticos y vino a España a ejercitar lo que mejor sabe: hacer faroles.

El juego alegre de AguirreEl primero se lo tiró con lo que más hace falta en este país: empleos. De primeras dijo que crearía 167.000 puestos laborales. Algún palmero del público, como el alcalde de Alcorcón, se lo creyó tanto que hasta elevó por su cuenta la cifra hasta los 300.000.

Cualquier jugador sabe que para que suban las apuestas es mejor tener a varios jugadores sentados a la mesa, por lo que metió a Barcelona en la timba. Y continuó tirando faroles. El siguiente llegó con la fecha de la última mano de la partida, que iba a ser en mayo, luego en junio, después en julio y ahora -tal vez- en septiembre. El jugador perspicaz sabe que una fecha cerrada le obligará a enseñar sus cartas, algo del todo innecesario cuando te has convertido en el que pone las reglas del juego.

Pero aún hay un último farol que el jugador Adelson acaba de empezar a usar antes de enseñar su última carta: el de retirarse del juego. La amenaza de marcharse con la inversión a otra parte cuando ya parecía segura si no se cumplen todas sus draconianas exigencias es un giro final de auténtico maestro del trilerismo.

Esperanza Aguirre y los suyos debieran andarse con mucho cuidado, porque aunque han demostrado a lo largo de los años que también les gusta el juego, Adelson es un pez demasiado gordo. Y cuando te juntas con uno de estos en la mesa, lo más probable es que acaben (y acabemos) desplumados.

Un comentario en “Adelson, el gran jugador… de faroles

  1. Lo último que han dicho que han dicho, no sé si en Madrid o Cataluña es que van a crear 30.000 puestos de trabajo. Según el tipo que lo decía iban a ser 15 mil en la construcción y 15 mil en los casinos y hoteles.

    Cada día la cifra baja más y más cambian las leyes, lo último de hoy mismo lo del tema de poder fumar en los casinos. Está claro que sin un puro no es lo mismo.

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