Arenga del #12M15M

Hace un año, de repente, miramos a nuestro al rededor y descubrimos a los demás mirando de similar forma, con el corazón galopante en los ojos, y empezamos a vencer las dudas de las palabras robadas. Vaya si nos teníamos ganas.

Hace un año estalló un vórtice de afectos perdidos. Dormíamos, despertábamos y empezamos a descubrir la sensualidad de los lugares de paso. Las plazas reivindicaron entonces su condición de lugar donde mirarnos a los ojos y reconocernos iguales en otras retinas.

Copiamos como cabrones y cabronas el código de los lugares del Sur donde llegó antes la primavera, y casi sin saberlo, empezamos a escribir el kernel del 15M. Curiosamente, lo único que está en el núcleo es lo que ya todas sabíamos y no hubo que discutir en ninguna asamblea: que éramos tod@s, que lo decidíamos entre tod@s. Que lo viejo ya no nos valía, y que desde luego, no nos representa. También dudamos, sin saber qué sujeto nombrar, y dijimos la palabra personas, que entonces sonaba un poco hueca.

Entonces sonaba un poco hueca, pero a la vista de un año, 365 días en los que la política y la vida se han separado definitivamente de la realidad humana, después de un año en el que la gente ha dejado de importar para el viejo mundo de los televisores, ahora nos damos cuenta de que devolver la medida de las cosas importantes a la escala humana era el componente principal del kernel. Las personas.

Hace un año. Hablar -política – todos, personas.

Un año ya entre hace un año y ahora, un año que nos recuerda que lo tenemos todo a medias. Que no hay nada que celebrar, que hemos venido a la plaza – como siempre – a construir y a pelear. Un año en el que cambió Madrid, no por la alcaldesa, no por las bibliotecas cerradas, no por los intentos de robarnos el agua. No. Un año que cambió Madrid porque el recuerdo de Sol está en el futuro, se palpa todos los días, y es un virus que -a saber en que fork muta – se extiende por las redes neuronales de la ciudad. Madrid ha cambiado porque hemos cambiado muchos de nosotros.

Y ahora saldemos a la plaza, a declarar una asamblea permanente indefinida.

Y ahora saldemos a la plaza, a volver a ser imprevisibles

Y ahora seguimos en la plaza (nunca nos fuimos) para seguir construyendo otras formas de aguantarnos unas a otros

Ahora.

Ahora, que la primavera nos obliga a ser audaces, ha llegado el momento de ofrecer la medida de cuánto ha cambiado Madrid y cuánto hemos cambiado nosotros.

La primavera es el tiempo de las cerezas y de las tetas; de los bíceps voluptuosos y el encanto de lo vulnerable ; de la Comuna de París, de 1968 y del 14 de Abril. Es tiempo de follar y de quererse, de la multitud, si no inteligente, al menos sí arrebatada. Arrasadora. Fue la estación del 15 de mayo, y tiene que ser también la de otra Zona Temporalmente Autónoma mágica. Una que contagie a la realidad.

Hace un año salimos a la calle porque nos teníamos ganas, hoy tenemos que demostrar que somos ya otros, un año más sabias y curtidas; un año más vulnerables y frágiles también.

Lo queremos todo y vamos a ir a por ello.

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