Aquello de bancarizar los servicios públicos

Bankarizaaaar!!

Un paisaje

No da abasto. Se le puede ver preparando una exposición bibliográfica mientras busca a un vecino la última de Javier Cercas (“no se preocupe, se la podemos pedir a la sucursal de Barcelona” ), y vigila de reojo a los que entran en tropel después de la salida de clase. Y gestiona catálogos, adquisiciones y clubes de lectura. Por cuatro duros. Es la bibliotecaria de una biblioteca de la Obra Social de Caja de Madrid.

Los chavales han ido a estudiar, aunque con la llegada del calor no se centran, y algunos se emplean en tirarle bolitas de papel a una chica de un curso superior. Todo un clásico. Una chica de gafitas bajas (de las que acompañan rictus serios) les mira entre dos montones de libros de su mesa que irán directos a la bibliografía de su tesis.

A menudo los viejecitos, que vienen a leer la prensa, levantan la voz por encima del clima sonoro de una biblioteca, sordera obliga pero además biblioteca y centro de día son todo uno.

Así desde 1977, cuando en Madrid apenas había bibliotecas públicas.

Un comienzo

El 17 de febrero de 1839 se inauguraba la primera caja de ahorros, Caja de Madrid, que llegaba para aportar recursos a una institución anterior, el Monte de Piedad, que existía desde principios del XVIII ,y que con las “garantías prendarias” sin interés (vulgo empeños) fueron última tabla de salvación de no pocas gentes de las clases populares.

Se pasa así de una institución propia de la Edad Moderna a una –un banco- más propia de la Edad Contemporánea, sin abandonar cierto carácter social, aunque, por supuesto, sin abandonar tampoco el matiz caritativo y asistencial propio del momento.

A lo largo del siglo XX de la caridad se pasaría a una visión más moderna del servicio público, y su obligatoriedad legal de reinvertir en la sociedad debe ser vista, en mi opinión, como un pedacito de nuestra cosa común, no como una concesión graciosa.

Un final

Parece que la que fuera primera de las cajas será, ya convertida en su mayor parte en banco, el explosivo punto final del modelo y su contribución a nuestros servicios públicos (los de Caja de Madrid llegaron a más de 10 millones de personas en 2010). Leíamos esta mañana:

“La situación crítica de la matriz, BFA, que ha admitido recientemente unas pérdidas de 4.952 millones de euros, 162 veces lo anunciado inicialmente, hace inviable un reparto de dividendos (inexistentes) para los fines sociales de las cajas. Y, sin dividendos, no hay capital para la obra social. Además, la nacionalización de Bankia, que necesitará unos 19.000 millones adicionales, reducirá tanto la participación societaria de las cajas que aunque hubiera dividendos serían muy reducidos.

Mientras tanto, la obra social dependerá del remanente que hayan podido guardar en los años de bonanza, de los ingresos que genere por sí misma…”

Uno, que no entiende de bancarizaciones ni casi de nada, se pregunta si el papel modesto de las cajas antes de 1977 – hasta esa fecha no podían ofrecer productos financieros, sólo préstamos sobre los depósitos y sus clientes eran básicamente particulares y pymes – no era más adecuado para, al paso lento que servía de herramienta a la economía real, esa que ahora se ha visto arrastrada por el desplome del castillo de naipes de la especulativa, asegurar la subsistencia de guarderías, bibliotecas, centros de día y becas de investigación.

Igual no tendríamos Casas Encendidas ni CaixaForums, pero tendríamos lo demás porque, puede que no entienda nada, pero atisbo que nos han bancarizado un trozo que era de todos.

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