Las #estacionespatrocinadas no tienen gracia

A pesar de las risas que nos hemos echado hoy con el hastag #estacionespatrocinadas a raíz de la mutación de la estación de Sol en soporte publicitario, la noticia tiene un fondo mucho más perverso: la privatización de algo tan público como el nombre de las cosas, algo inmaterial, construido durante décadas, incuantificable, pero al que está claro que también se puede poner precio.

Hasta ahora habíamos visto en Madrid la venta de nombres de lugares privados, generalmente dedicados a actividades de ocio:o el Teatro Calderón, la Sala Arena o el Rialto ya cuentan con otros patrocinadores. La práctica también es habitual en clubes deportivos (hasta el punto de que las nuevas generaciones ahora son del Asefa -y lo dicen así- en lugar de del Estu). La venta de espacios públicos sí que es más habitual: la propia Gran Vía ha sido la calle de los sueños y en otra ocasión se tiñó de azul móvil.

La excusa de la crisis económica está sirviendo para justificar la que puede ser la mayor privatización del espacio público que se recuerde. Todo vale para sacar dinero: desde la cesión de suelos y rebaja de las leyes para atraer un megaemporio del juego (Eurovegas) hasta forrar las estaciones de Metro de publicidad invasiva que puede incluso confundir al viajero a la hora de buscar el nombre de la estación.

La financiación publicitaria es necesaria en la administración. El problema es poner un límite, uno que no se rebase como ha sucedido en la estación smartphone de Sol. Uno que no moleste y, en cualquier caso, uno que no signifique la privatización de algo que cuesta tanto crear como un lugar común.

El nuevo responsable de Metro, Pablo Cavero, dijo que iban a buscar fuentes de financiación “imaginativas”. Esperemos que lo siguiente no sea vender el nombre de las estaciones, como ya han hecho en Nueva York, donde van a poner el nombre de un banco británico (en el que antes trabajaba Cavero) a una parada. O acabaremos bajándonos, como decían hoy, en Cruzcampo de las Naciones.

11 comentarios en “Las #estacionespatrocinadas no tienen gracia

  1. Pues si llamar a una sala de conciertos Marco Aldani, a un teatro Hagën dass (o como se escriba) ya me parece de muy mal gusto, lo de las paradas de metro me haría emigrar,

    yo me bajo en Mc Donalds, yo me quedo en Madrid (lease con la voz de Joaquin Sabina).

  2. Ciertamente no ha sido una medida acertada, añado a lo que comentas que es un espacio informativo, no de publicidad que para ello ya se disponen de los espacios adecuados. Se han gastado un dinero en poner distintivos llamativos a las señales necesarias como los interfonos, salidas de emergencia, etc.. algo que me ha parecido buena idea, pero con esto se han salido de madre, o lo que dicen en mi tierra.. “han meado fuera del tiesto”. Espero que se lo piensen y que retrocedan, no me imagino a mi padre de 78 años, bajándose en sol y preguntando que dónde está, o al turista despistado…

    Los información en espacios públicos debe ser eficaz, rápida de entender, para todas las edades, esta idea ha matado el concepto informativo de los carteles.

    Y lo peor es que dudo mucho que haya tanto beneficio como para que se note en el billete de metro. No, no es buena idea, y con bastante educación estoy contestando, que las palabras que me vienen a la cabeza son muy distintas.

  3. Ésto es un mundo ilógico, y lo demás son tonterías, nos vendemos al consumismo y a las marcas, a los bancos, ya está bien! ¿¿No hay nadie lógico que detenga éstas gilipolleces??

    Voy a inventar paradas absurdas de metro/Cercanías:

    -Atocha Burguer King.
    -Nuevos Ministerios Citibank.
    -Retiro Bankia.
    -Plaza de Castilla nike.

    Vamos hombreeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee

  4. Desde luego una muy mala decisión de aquellas personas que deben velar por lo público. Ese es su papel.
    Y hay muchos aspectos que mejorar. Mejorar la señalética y sistemas de información, mapas, horarios y muchííííí?imo más. También deben velar por nuestra comodidad. Comodidad para poder estar, sin verse incomodado, poder leer sin tener una televisión emitiendo sonidos estridentes.

    Prostituir la semiotica no parece ser una forma inteligente de actuar.
    Me gustaría saber si las personas que han tomado esta decisión, viajan en transporte púlico a diario.
    De ser así por ejemplo podrían fijarse en campañas que si han funcionado y bien. Como por ejemplo la que montó una marca que no nombraré, donde podían leerse los anuncios de compra/venta de sus artículos en pequeños post-its repartidos por los carteles de la estación.
    Eso sí, en ningún momento invadían la señalética de la estación.

    Lo más importante me parece que defendamos estos espacios, quejémonos, actuemos y hagamos que los que deciden sepan cómo queremos que sean nuestros espacios.

    Como nota final, comentaros también que un colectivo artístico, ya venía avisando sobre la importancia de estos espacios simbólicos y además de una manera fina, divertida y elegante.
    http://redretro.net/

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