El agujero blanco

En el centro de Madrid, la ciudad más frívola y regañona del mundo, hay un agujero blanco que amenaza con convertir en una alucinación el Parlamento, el estadio Santiago Bernabeu y El Corte Inglés. ¿Es una revolución? De momento es sólo (¡sólo!) una inversión espacial, material, tangible, diminuta, de la marcha mental del mundo; una costura de realidad intensa en un inmenso desgarrón sin sentido; el punto suelto a partir del cual se podría poner del revés -del izquierdo- el calcetín del universo. La Puerta del Sol, con sus irregulares colinas de lona y su crepitar de papeles, es el primer asentamiento de la civilización. Es el paso de nuevo al sedentarismo, la agricultura, la urbanización, la escritura, la razón. Así avanza la humanidad. En el corazón de la selva se abre hueco una ciudad. Madrid está asediada desde dentro; está cercada desde el interior. Al tumor gigantesco le está creciendo un cuerpo; le está brotando un pulmón; le ha salido un bultito de salud.

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