Caminar erguidos

Hace unos días estuve a punto de colgar un comentario en el blog de Bipedismo y parto (15-5-2011), el esclarecedor artículo de mi admirado colega José María Bermúdez de Castro; pero me salió tan largo que decidí convertirlo en una columna. Que es esta.

Cuando nuestros remotos antepasados descendieron de los árboles, algunos se irguieron sobre sus patas traseras y no tardaron en descubrir las ventajas de la ambulación bípeda. El hecho de caminar erguidos amplió su horizonte (en el sentido más literal de la expresión: podían ver a sus depredadores y a sus presas a mayor distancia) y les suministró una ligera ventaja reproductiva (como estaban un poco mejor alimentadas, las hembras bípedas, por término medio, lograban amamantar a una cría más a lo largo de su vida fértil).
Este pequeño margen les permitió sobrevivir como especie mientras las otras ramas del árbol protohumano eran truncadas por los implacables hachazos de la selección natural. La especie sobrevivió lo suficiente como para aprender a sacar partido de las extremidades superiores que el bipedismo había dejado libres, y ese nuevo logro garantizó su supervivencia.

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