Jueves
Fauna autóctonaA cada uno lo que lee

A algún antropólogo de salón se le ocurrió alguna vez aquello de analizar a la gente investigando su basura. A otro aquel otro topicazo de catalogar a las mujeres por lo que contienen sus bolsos…¿jugamos a antropólogos de salón?
En los últimos tiempos empiezan a proliferar en los andenes de Cercanías máquinas de vending de libros ¿qué nos dicen los libros que venden de los ocupantes de los andenes? O mejor dicho ¿qué nos dicen de como nos ven quienes venden libros en estas máquinas?
Los libros que se pueden encontrar ahora mismo en la máquina que yo suelo ver son:
- Dos de chistes (dos a falta de uno). Ah, otro de anécdotas.
- Uno de Friker Jimenez (o a tenor de las letras de la portada ¿deberíamos pensar que es uno que se titula Iker Jimenez?)
- Uno del inevitable Paulo Coelho (uno de sus diez millones de libros quiero decir)
- Un libro de viajes para mileuristas, para ir al trabajo soñando si el de al lado no te deja dormir
- Alguna edición en bolsillo del ante penúltimo bestseller. Por si te da envidia el viajero de enfrente. Y el de al lado. Y el de ayer.
- Algún bestseller de siempre para mentes tiernas (no quiero decir que el libro sea malo ni que los jóvenes no tengan criterio pero ya aburren los Siddharta y Juan Salvador Gaviota)
En fin, que visto lo visto os animo a ir a vuestra biblioteca más cercana o a seguir practicando el noble arte de leer el periódico ajeno por encima del hombro.
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jun 17, 2010
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Buenísimo. Además de todos esos, veo mucho últimamente libros de “sexología práctica para mujeres”, por llamarlos de algún modo: cómo tratar a los hombres, sexo por Internet, etc. Cuánto daño han hecho “Sexo en Nueva York” y “Mujeres desesperadas”, ejem. Bueno, y también son imprescindibles los de divulgación tipo Punset; y los de Federico Moccia y Jorge Bucay, totalmente intercambiables por Paulo Coelho…; y la mujer de Iker Jimenez, que se ha subido al carro también.
Esas estaciones de tren o metro que tienen vending de libros y de ramos de flores son perfectas para gente descuidada que tiene que hacer un regalo a su pareja y lo ha dejado para ultimísima hora. Ahí lanzo la idea, jejeje.
jun 17, 2010
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A lo que comenta Susana, a mi me pasó cuando llegué a Madrid, que no me podía creer que hubiesen maquinas donde pudieses comprar flores. Tuve que desplazarme hasta Plaza Elíptica solamente para comprobarlo fisicamente. A más de uno le habrá sacado de un apuro…