Con la puerta en las narices

Una de las cosas más desoladoras de pasear por Madrid en los últimos tiempos es comprobar la cantidad de locales cerrados que hay. El otro día en un programa de televisión visitaban Bravo Murillo para constar la cantidad de negocios que habían cerrado los últimos tiempos, pero el panorama es batante más desolador si salimos de las principales arterias comerciales de la ciudad. El otro día paseando por la calle Almansa (precisamente perpendicular a Bravo Murillo) me encontré todas estas puertas cerradas, algunas llevarán más, otras menos, pero todas inactivas.

Siempre es un pequeño consuelo encontrar en la misma calle comercios tradicionales que han conseguido sobrevivir el paso de los tiempos desde los años cuarenta.

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