Tantos días de Reyes en el barrio

Vivimos allí de pequeños tres años, a esa edad en la que el escenario se te cose a los recuerdos así muden las pieles. Antes y después ya era nuestra casa, la de mi abuela Encarnita, la casa matriarcal de la familia a la que acudíamos los domingos a comer, las Nochebuenas a cantar…y el día de Reyes a por los regalos. Aquellas noches de Reyes en vela en espera de roscón y juguetes convirtieron esas calles en las que había nacido mi padre también en mías. Luego, de más mayor, siempre me gustó volver por el barrio, pasaba a menudo delante de la lechería de Claudia –desde el año pasado una tienda “de chinos” – y dudaba en pasar a saludarla. Lo mismo con Antonia, la portera. Luego los amigos se mudaron a mi barrio, una excusa más para patear recuerdos, y por último el trabajo en un periódico me han servido, calle arriba, calle abajo, para vencer mi timidez hablando con los vecinos, para contar esas calles.

Los barrios cambian, siempre hay un “nosequé” en ellos que permanece, una puntada que sirve para no tener que cambiarles el nombre. Entre las cosas nuevas de los últimos tiempos en mi barrio de Conde Duque estaba El Patio Maravillas, un espacio que parecía aún más grande de lo que era si mirabas el calendario de actividades programadas. Alrededor del Patio había conflictos ¡en qué explosión de ideas no los hay! pero el balance de estos dos años no puede sino dejar un jirón de “nosoqué” que hace barrio. Hablo en pasado, ya lo sabes, porque hoy un montón de policías han desalojado El Patio. Me pasé a eso de la una y esquivando los cordones policiales me asomé a la calle del Acuerdo desde Comendadoras. Mañana, ya hace años de aquello, no volveré a por regalos al barrio.

Pásate esta tarde por la Plaza del Dos de Mayo para mostrar tu repulsa por el desalojo del Patio Maravillas

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