MENU

by • 30 de junio del 2008 • Otras WebsComments (3)2016

Festivaleando

Tenemos estos días empacho macrofestivalero, y dentro de nuestro staff más de un asiduo a este tipo de eventos, así que no me puedo resistir a poner este artículo de Kiko Amat que me gustó.

Pop y circo (o La era de los festivales)
Yo sólo quería ir a bailar un rocanrol a la plaza del pueblo. ¿Era eso tanto pedir? Qué tristeza cuando me dijeron que eso ya no existía, y la plaza se llamaba Entorno Movistar. Me dijeron que ahora era la época del Festival. ¿Festival?, les dije yo. Suena divertido, les dije. Sólo que al poco me di cuenta de que no lo era.

El Festival Musical es la corporativización definitiva de la antigua Fiesta Mayor. Es la sublimación máxima de la idea de la música como máquina productora de dinero, en su manifestación física más nuremberguiana. Es el triunfo de la voluntad, sólo que es exclusivamente la voluntad de unos cuantos empresarios. Y, como tal, da miedo.
Miren ustedes qué excentricidad maoísta la mía, creo que los ayuntamientos están obligados a invertir en oferta cultural sin buscar réditos. En lugar de ello, y continuando con la tendencia a la privatización de la vida que lleva el país, han pasado la patata de los festejos a las corporaciones. La consigna es: Nada Gratis; y, desde luego, la música tampoco. Lo de bailar sin pagar es una cosa de anarquista loco de la Edad Media, algo totalmente passé. Sant Pere no volverá a cantar si usted no paga.

Eso sí, para que usted amortice el draconiano ticket, la organización del festival apretujará en una velada a la mayor cantidad posible de bandas. Es la concepción del Buffet Libre, aplicada al pop: el supersize me, la gratificación sin mesura, el atracón. Pero la ecuación “Si ver a 1 grupo mola, ver a 750 seguidos molará 750 veces más” no computa. En un Festival uno ve mucho pero no ve nada, y sale de allí con una amarga sensación de bulimia sonora.

Hay otros factores discutibles. Los obscenos cachés que se pagan a los artistas extranjeros (150.000 euros, por ejemplo, piden Arcade Fire), algo únicamente español, herencia clara de la cultura del pelotazo. Como admiten los propios directores de festivales, esta tendencia puede terminar con los conciertos en salas; nadie se planteará tocar en seis ciudades si cantando hora y media en un festival cobra ese pastón. Para los que sí lo harían, hay una sorpresa reservada: Los contratos de exclusividad. El grupo tiene que comprometerse a no tocar en tres meses en el área urbana del festival; es decir, en un radio de unos 100 km.

Se impone plantearse si otras formas de presenciar la fabricación de música pop son factibles. Formas más baratas, menos centralizadas, menos masificadas, más cercanas y más humanas. Festivales que, por su aforo reducido, escaso o nulo protagonismo del spónsor, cercanía física de los grupos (y organizadores), y reducido precio de entrada se conviertan en una experiencia distinta. Hasta que sea así, no me quedará más remedio que seguir dudando del modelo actual. Si me dejan, se entiende.

Kiko Amat

(Artículo publicado originalmente en el suplemento Cultura/S de La Vanguardia del 28 de mayo de 2008)

Related Posts

3 Responses to Festivaleando

  1. Hombre no es para tanto, bueno a veces sí. Hay festis y festis, que a mi me gustaría mucho más ver a Morrisey en la sala El Sol, pero no me queda más remedio que ir a un festival, en la sala El Sol pondráin la entrada a 300 eurakos, como hacían en London, pero aquí no somo tan ricachones.
    Asi que ne pases Luisito, que aquí practicamos el festi, el concierto indie para públícos reducidos y las verbenas de los pueblos, que si no pueden ser gratis no es gracias a los festis, sino gracias a la SGAE.

  2. didi dice:

    independientemente de que se pueda estar de acuerdo o no con el artículo, a Kiko Amat le fallan un poco las fuentes: Arcade Fire cobró más de lo que ahí pone por tocar en el Summercase, los contratos de exclusividad se pueden circunscribir a todo un país, y no sólo a un área urbana.

    Aparte: considero que el festival es un invento redondo, tanto para los promotores como para espectadores. A mí me merece la pena ver a cinco o seis grupos a los que iría individualmente a ver por el doble (o más) de precio de lo que cuesta la entrada al festival. Al promotor también le viene bien porque minimiza gastos y aumenta beneficios (Es una clara economía de escala).

    Y luego está el rollito promoción-turisteo de los festivales pequeños. Ej: Contempopránea. ¿A qué leches me iba a ir yo a la Extremadura profunda si no fuera porque celebran un festival pop? Eso sí. Si no lo hubiera hecho, me habría perdido el jamoncito, el paisaje y la gente, que son lo más por allí.

  3. Luis dice:

    Eh! que yo sólo quería dar cabida a otros puntos de vista… A mi la verda tampoco me gustan pero es evidente que en ocasiones te lo puedes pasar bien y que a veces sólo puedes ver allí a según que grupos.

    Dicho lo cual he de decir que tu argumento es tramposo Didi porque por el precio ese no disfrutas todos los grupos igual que si de su propio concierto se tratara: por saturación propia y del ambiente, porque el sonido tiende a ser malo, porque sencillamente acabas por no ver todos los grupos que te interesan y ves alguno que es un truño, porque exceptuando a los cabezas de cartel muchas veces tocan menos tiempo. Luego claro hay festis y festis, por ejemplo en este último de Arganda pues sí toca gente muy guapa, pero te tienes que tragar a cada uno que no pega nada con ellos…

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: